Aguas turbias,
enjambres de devoradoras avispas
sedientas y eufóricas
por apaciguar momentos,
tiempos y recuerdos.
Ramas tendidas en la
ciudad interrumpen
con su insolente descanso el transito
rutinario de consumidores
y contaminadores
no sólo de ambientes,
sino también de órganos importantes,
aquellos latentes e irremplazables.
Arboles envueltos en ardientes
guirnaldas enfurecidas
barriendo con todo a su paso.
Pese a todo
el mar es grande y el
río sigue siendo de agua dulce.
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