domingo, 22 de agosto de 2010

La Noche y el Sol de Invierno

La noche puede ser
tu mejor o peor aliada
puede ser larga,
eterna, solitaria.

La noche puede ser
fría, dolorosa
puede ser tibia y melosa.

La noche tiene
una doble lectura
puede ser connotativa
la noche puede tergiversarse,
puede olvidarse.

La noche puede ser joven
o puede extender horas
a su paso,
tanto que hasta se puede
contar cada estrella participe
en la oscura tela que rebosa sobre los
tejados impregnándose de rocío
y gatos desteñidos
y desechos de palomas
y hojas de antiguos y olvidados otoños
y pedazos de cielo que han decidido
caer en descanso sobre aquellos
oxidados y rotos pedazos de techumbre escualida
que retumban ante cada gota de agua
y noches
y soles de invierno.

La noche puede ser tan agobiante
e inundada de nubes echadas
al olvido cubriendo
cada luz titilante
que yace tendida en un paño
de recuerdos imborrables
de experiencias juveniles
de júbilo descontrolado
de accidentes
de muertes
de vidas nuevas.

La noche hoy para mi
es sólo noche,
es cielo oscuro,
ausencia de sol,
ausencia de mañana.

La noche
hoy para mi carece
de poesía,
de inspiración.

Hoy son los rayos del sol
impertérritos, paupérrimos de calor
rebosando de frío,
aquellos que yacen colgados en el cielo
con quizá más historias que una noche.

Hoy son
aquellos rayos
de sol de invierno
quienes me declaran
eterna compañía
quienes me hacen
pensar en tiempos marchitos,
colores opacos.

No hay absorbencia,
se acabaron los momentos.

¿Han quizá de aparecer
los malos, amargos y fríos tragos
de dolencia?.

O quizá de
vidas olvidadas
vidas vividas
vidas rápidas
o noches,
o soles de invierno.

Tiempos teñidos
de un vacilante marengo
sin sentimiento
proxémico en su propio
delirio.

Teñido de un gris tan claro
que dejó de ser gris
o de un blanco tan manipulado,
que dejo de encandilar
ante la presencia de
la noche
y sol de invierno.

Calles vacías,
techos rotos,
gente sin rumbo
gritos que se confunden
con susurros mal intencionados,
con amores estancados,
estampados en una mirada
y noches que se aproximan
y soles de invierno.

Miedos que embriagan,
se impregnan,
que gritan desde el interior,
miedos que al salir en sol
deben cubrir su rostro,
miedos eternos
ubicados en un rincón de
alguna mirada,
miedos camuflados
como noches
y soles de invierno.

Cosas que carecen de verdad
y se transforman en
la más fría de las mentiras
acompañados de melancólicas
noches
y de agotados soles de invierno.

Hoy quizá
todo carece de coherencia,
de entrega,
pero mis días se han volcado
en eternas tardes en las que
sólo Ismael Serrano logra mi
atención,
tardes en que sólo su voz
me calma,
se transforma en mi TOC
de oído.

Tardes que pasan
ante mis ojos,
tardes que olvido
tardes paupérrimas
de extroversión
tardes rutinarias
y noches,
y soles de invierno.


Vale Salazar.

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